Alba, el hada de la Cenicienta


En un país muy lejano, en el que los humanos convivían en armonía con todo tipo de seres fantásticos, vivía entre otras muchas hadas, la joven Alba. Un hada, a la que acababan de darle sus poderes y que era la encargada de favorecer a los humanos de buen corazón en cosas de poca importancia.

Un día, mientras regresaba  de ayudar a un anciano a labrar sus campos, escuchó el lastimero de llanto de una muchacha. Tan fuerte era su pesar, que Alba no pudo evitar acercarse a preguntarle que le pasaba.

-¿Qué es lo que tanto te aflige muchacha?

– Los maltratos a los que me someten siempre que pueden mis hermanastras y su terrible madre. Me esclavizan con las tareas más tediosas, mientras ellas disfrutan de las fiestas y bailes de palacio.

– Entiendo que te sientas tan mal chiquilla. ¿Puedo hacer algo por aliviar tu desgracia?

– Me gustaría poder asistir, aunque solo sea por una vez, a esos bailes tan elegantes a los que ellas asisten.

-Sea, pero has de saber una cosa joven Cenicienta: hace muy poco que tengo mis poderes y solo puedo garantizarte los efectos de mi magia hasta las 12 de la noche. Si no vuelves a casa antes de esa hora, todos descubrirán tu verdadero aspecto.

-No te preocupes bondadosa hada, volveré antes de que suene la última campanada del reloj de la torre. ¿Cómo puedo agradecerte este gran favor?

-Nada tienes que agradecer, me bastará con ver tu gran sonrisa, mientras disfrutas de fiesta.

Escrito por Lucky en Cuentos de La Cenicienta.

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