Ángel de la Navidad


 

Lara era una niña muy bondadosa, sonriente y de buen corazón, su familia y amigos la amaban por ser una buena niña y una buena influencia para todos. Había algo que pocos sabia, pero que a Lara la atormentaba día y noche, su pequeño hermano Cris, estaba muy enfermo, los doctores no le daban muchas esperanzas de vida al menos que compraran unos costosos medicamentos y su familia no podía pagar por ellos.

 

Diciembre llegó y con él, un frio torrencial, cada día sus padres salían a pedir dinero en las calles, por las noches llegaban empapados por la nieve pero no con mucho dinero, ni siquiera un cuarto de lo que necesitaban para las medicinas de Cris.

 

El día de noche buena, viendo que sus padres habían hecho un verdadero esfuerzo por juntar el dinero que requerían y no llevaban más de la mitad, Lara tomó la iniciativa de ir a pedir dinero por su cuenta, así que, mientras su madre preparaba la humilde cena para la noche, se escapó pensando que tal vez ella tendría mejor suerte.

 

Cuando llevaba más de 8 horas de haber dejado su hogar, Lara había recolectado algo de dinero, y daba las gracias a los caminantes caritativos que se lo daban, pero no era  lo suficiente para cubrir los costos del medicamento, estaba que tiritaba de frío, pero en ningún momento pensó volver al calor de su casa hasta que juntara lo que hacia falta para pagar el tratamiento de su hermano, que aún era una suma bastante grande.

 

Con el frío de la noche, y sin la protección adecuada, Lara poco a poco se fue paralizando por el frio, temblaba, y la voz apenas le salía para dar las gracias a los que la ayudaban esto continuó por unas horas más, hasta que la helada la dejó inconsciente.

 

Una bella dama, quien caminaba por la calle, atareada por llegar a la cena navideña de su trabajo, vio a Lara inconsciente en la acera y se preocupó mucho. No dudo ni tantito en abrigarla con su chaqueta y preguntó a la gente que tenía cerca si conocían a la niña. Resultó que un hombre, que era amigo de la familia pasaba por ahí, y la reconoció, le dijo donde vivía y la dama prefirió ayudarla y llevarla hasta su casa que ir a la cena de su trabajo.

 

Cuando la dama tocó a la puerta, los papas de Lara abrieron la puerta con una cara de preocupación y alivio, pues estaban angustiados porque no sabían donde estaba su hija. La bella dama, quien les dijo que se llamaba Adaia, coloco a Lara en el sillón junto a la chimenea, y les dijo a sus padres que se pondría bien mientras estuviera cerca del calor, y les explico que se había desmayado por el frío y que la había encontrado en la acera junto con una lata con dinero.

 

Los padres de Lara se pusieron a llorar, ya que no sabían que su hija había salido a pedir dinero para su hermano, y le explicaron a Adaia que su hija era amada por todos precisamente por tener un muy buen corazón. Fue entonces cuando Lara despertó, y con lagrimas en los ojos les dijo a sus padres:

 

-Lo siento mucho, no pude recaudar el dinero suficiente para Cris.

Adaia, miro su reloj y sensibilizada por la historia de la familia y por el buen corazón de Lara le dijo:

 

-No te preocupes pequeña,  yo les daré el dinero que les hace falta para curar a tu hermanito, velo como un regalo de Navidad para toda tu familia-  Y así lo hizo. Toda la familia se alegró y emocionó al punto de las lagrimas. Adaia invitada por los padres de Lara, se quedo para la cena navideña, que consistía de sopa, un pedazo de pan y puré de patatas. Cuando Adaia se despidió de la familia, para irse a su casa, Lara la abrazó con mucho cariño y llena de agradecimiento por lo que había hecho y le dijo:

 

-Muchas gracias Adaia, gracias por ser nuestro Ángel de la Navidad.

Escrito por Vuelapluma en Cuentos de navidad.

Buscador de cuentos