El caballo amaestrado


Había una vez un ladrón, que llevaba mucho tiempo estudiando los movimientos de un campamento cercano, para conocer donde se guardaban los objetos más valiosos. Pasados unos días y amparándose en la oscuridad de la noche, decidió hacerse con uno de los hermosos caballos que acompañaban al grupo, con la esperanza de poder venderlo en la ciudad.

 

A la mañana siguiente, mientras marchaba tan contento a realizar la transacción, se encontró con varios integrantes del campamento realizando unas sencillas maniobras de combate. El animal, que había sido entrenado para realizar todo tipo de cabriolas al son de la música, escapo de las manos del ladrón, para practicar lo que le habían enseñado desde que era pequeño.

 

Al ver esto, el capitán del pequeño grupo dijo:

 

– Ese caballo que tú llevas de la mano, es nuestro. ¿Dónde lo has encontrado? ¿Acaso has sido capaz de robárselo al ejército?

 

– Yo no he robado nada, este caballo que aquí veis, me lo vendió en la feria de la ciudad un comerciante.

 

– ¿Un comerciante? Dudo mucho que te lo haya vendido nadie, ya que estos animales pertenecen únicamente al ejército.

 

Viéndose el ladrón entre la espada y la pared, no le quedó más opción que confesar el robo que había cometido. Así fue como el pobre ladrón termino con sus huesos en la cárcel, demostrando una vez más, que no hay robo, ni mentira que quede sin castigo.

 

Escrito por Lucky en Cuentos con moraleja, Cuentos para pensar, Los mejores cuentos.

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