El flautista de Hamelín


Hamelín era una bella ciudad, las construcciones eran pintorescas y hermosas y el clima era perfecto… se podría pensar que Hamelín era perfecta pero tenia dos grandes problemas: Los habitantes eran convenencieros y nada bondadosos, solo hacían lo que les beneficiaba sin agradecer ni preocuparse por los demás.  El otro problema era la infestación; cientos de ratas vivían entre los habitantes a sus anchas, comían de sus reservas de alimentos, mordían a los niños y provocaban enfermedades. La ciudad era un caos.

Cierto día llegó un flautista al pueblo, consternado por la situación insalubre de la ciudad ofreció sus servicios prometiendo librar de ratas la ciudad a cambio de una remuneración monetaria. Los habitantes, un poco incrédulos, aceptaron encantados pues el problema de las ratas ya tenia un largo tiempo y les traía muchas consecuencias negativas y costosas.

El Flautista se puso manos a la obra, saco su flauta y comenzó a tocar una bella y traviesa melodía.  En seguida todo el pueblo quedo con la boca abierta, llenos de sorpresa: Una gran cantidad de ratas salían de todas partes: de varios agujeros, de las bodegas de alimentos, debajo de las puertas de las casas… todas hipnotizadas por los poderes del flautista, haciendo una fila y caminando al compás de la melodía.

El flautista las llevo hasta un rio, las ratas se abalanzaron hacia el siguiendo las ordenes que el artista daba a través de la flauta, ahogándose y siendo llevadas por la corriente en el acto.  Eso puso fin a la infestación, por fin Hamelín podía vivir sin ratas.

Al llegar de regreso al pueblo, el flautista pidió su remuneración, pero el otro problema de los habitantes aun no estaba resuelto: Eran tan poco agradecidos que le negaron cualquier tipo de recompensa e ignoraron sus comentarios y amenazas. El flautista se fue con la promesa de vengarse del pueblo.

Un buen día cumplió su promesa y regresó al pueblo. Mientras los habitantes distraídos con sus actividades cotidianas, el hombre volvió a tocar con la flauta su extraña e hipnotizánte melodía . Esta vez fueron los niños y niñas los que le siguieron al compás de la música, poco a poco hicieron una fila y siguieron al flautista, quien, abandonando el pueblo, los llevó hasta una cueva. Nunca más se les volvió a ver, el pueblo lloró la perdida de los niños, padres y madres quedaron desechos. Hamelín nunca volvió a ser la misma ciudad.

Escrito por Vuelapluma en Cuentos clásicos, Cuentos tradicionales.

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