El mar


Cuando Marcos pisó la arena por primera vez supo que sería para siempre. El olor salitroso del aire y el ruido de las olas al romper contra la costa lo embriagaron profundamente.

Hay personas que adoran los aviones, y se pasan la vida inspeccionando el cielo en busca de esos pájaros de aluminio rompiendo el ambiente. Otras, prefieren perseguir el horizonte, y viajan en busca de esa línea difusa con el deseo de atraparla alguna vez. Y hay otras personas, como Marcos, a quienes lo único que les interesa es sentir el aire y el mar pegándose a la piel y arañando la comisura de sus labios.

Marcos corrió como desesperado hacia el agua y se internó en ella, movido por una pulsión que no podía explicar con palabras. Ésas fueron las vacaciones más felices de su vida, las últimas de infancia. Después, vino el frío del invierno, la vuelta a la ciudad -tan gris como siempre- y la separación de sus padres. Y ya no habría verano, ni vacaciones en familia, ni arena, ni mar. La certeza de esto último le abrió un tajo en lo más profundo de su ser.

Cuando se acercaba el nuevo verano su madre le preguntó si le apetecía ir nuevamente a la playa, esta vez sólo ellos. Algo dentro del niño se movió con violencia y respondió positivamente. La vida le estaba dando otra oportunidad de vivir, una última vez; eso pensó el niño.

Su madre, aturdida y triste, no comprendió cómo había sucedido. Y cuando le entregaron el cuerpo inerte de Marcos, todo empapado y ya sin vida, su desesperación y su llanto no le sirvieron para entender las razones del pequeño para abrazarse definitivamente al mar.

Escrito por Tes Nehuén en Cuentos sobre el agua.

Buscador de cuentos