El roble y la rosa


La familia vivía en una enorme casa que tenía un patio trasero. En el límite del terreno había un roble de extensas raíces y una verde arboleda. Al principio la familia estaba feliz con el árbol: los niños se trepaban a sus ramas, los padres habían instalado una mesa para compartir la comida debajo de su exuberante sombra y todo giraba en torno a ese precioso roble.

Una mañana, la madre descubrió que una de las raíces había llegado a una de las paredes de la casa y estaba rajando el suelo. Inmediatamente pusieron remedio cortando esa parte de la raíz. Pero al poco tiempo, nuevamente el roble rozaba los cimientos de la casa. Lo intentaron nuevamente pero fue invadiendo cada perímetro del jardín y levantando el suelo con sus enormes raíces.

Comenzó entonces una tarea ardua cuyo objetivo era eliminar al árbol. Sin embargo, aunque nadie se explicaba cómo, así sucedía: cada vez que intentaban destruir al inmenso roble, él renacía. La fuerza de la vida tiene esas cosas que nunca nos explicaremos. Probaron muchísimos métodos: lo talaron a ras del suelo varias veces, le tiraron todo tipo de sustancias químicas feroces que arrasaban la tierra, dejándola negra, hueca…, pero después de un tiempo, aparecían brotes verdes que se iban extendiendo hacia arriba. Y nuevamente el roble imponía su presencia en el paisaje.

Cerca del gran roble había una rosa de hermosos pimpollos a los que la familia cuidaba con sumo mimo. Era la única planta que sobrevivía al avance del árbol; de hecho, las raíces del roble habían llegado a formar un precioso cantero en torno a la rosa. Una mañana, cuando la familia se levantó descubrió que la rosa estaba marchita, y por mucho que intentaron revivirla, no hubo caso.

Pasó el tiempo, ocupados en sus quehaceres los integrantes de la familia olvidaron el jardín y la guerra contra el roble. Hasta que un día salieron al patio y descubrieron que el roble se había secado. Pensando que era la oportunidad para tener, finalmente, un jardín ordenado y pintoresco comenzaron a cavar la tierra para eliminar todo rastro del árbol. Lo que encontraron los llenó de vergüenza y tristeza: bajo el suelo, yacían las raíces secas de ambas plantas absolutamente fusionadas, como si fueran una sola vida.

Escrito por Tes Nehuén en Cuentos para leer.

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