Historias que terminan bien


Cuando salió de su escondite el valle estaba en silencio. Marcos había pasado toda la tarde en el hueco de un árbol, como lo hacía desde hacía unas semanas. Desde lo ocurrido buscaba la forma de hablar con su madre pero no encontraba las palabras adecuadas, ella siempre estaba tan cansada.

Llegó a casa y, como siempre, todo estaba en silencio: la paz de la casa a la hora de la siesta (no sabía por qué le llamaban así si en esa casa nadie dormía a la tarde) era una de las experiencias más gloriosas para el niño. Leyó, estudió un poco y esperó a su madre con la cena lista.

Su madre entró empujando la puerta de calle con un pie porque tenía los brazos ocupados con bolsas, abrigos y paquetes. Hasta la cocina llegaba el hálito de su cansancio y el peso de un día más en la vorágine de un trabajo que odiaba. Saludó al niño con un seco beso y, también como siempre, le preguntó qué tal le había ido en el cole. El niño, que hasta segundos antes estaba dispuesto a decirle la verdad, se escuchó proferir un quedado bien.

Continuó fingiendo y pasando las mañanas en el valle; de a ratos, muy entretenido y aplomado por el aburrimiento, en otros. Al tocar la hora de salida de los niños se dirigía a su casa. Lo hizo así durante meses.

Las cosas dieron un vuelco cuando su madre conoció la verdad: su hijo llevaba meses sin pisar el aula y la maestra estaba preocupada. Fue ella quien se lo dijo y le preguntó insistentemente si su hijo le había hablado de ella, por lo visto le había tomado manía. La madre no supo qué responder; cuando llegó a la casa quiso escuchar la historia de boca de Marcos. Cuando el niño el contó lo sucedido con la maestra, su madre comprendió la insistencia de ésta en culpar al niño y tomó cartas en el asunto.

A partir de entonces, Marcos se quedó en casa y demostró una gran habilidad e interés en aprender sin necesidad de ir a la escuela. Aunque nadie habría creído que lo conseguiría, veinte años más tarde su madre ya no estaba cansada, y el niño, ahora mayorcito, trabajaba felizmente de periodista en un prestigioso periódico de la ciudad. Algunas historias terminan bien, solía pensar la orgullosa madre, mientras imaginaba a aquella maestra que estaría lamentando desde su celda aquel año ya lejano.

Escrito por Tes Nehuén en Cuentos realistas.

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