La bruja de Halloween


Cuenta una vieja leyenda que en un pueblo de una provincia olvidada vivía una vieja bruja a la que todos le temían. Se la conocía por el apodo de María la Sangrienta, dado su extraño accionar. Cada 31 de octubre la hechicera realizaba un ritual en el que sacrificaba a un niño; era la única forma que tenía de mantenerse inmortal: dicen que la sangre joven es la única capaz de anteponerse al exterminio. Los niños desaparecían sin que la gente pudiera hacer nada por evitarlo y, aunque sabían que ella era la responsable, no encontraban pruebas para condenarla por sus crímenes.

Un año, los pobladores se pusieron de acuerdo y crearon grupos de vigilancia. La noche del 31, uno de ellos vio cómo su hija pequeña se levantaba de la cama absorta en una especie de sonambulismo. Por temor a despertarla, la siguió y pudo comprender finalmente cómo se habían desarrollado las desapariciones y muertes anteriores.

En un claro del bosque se hallaba la bruja, esperando por la escogida de ese año. El hombre y sus compañeros de vigilancia sujetaron a la bruja y la obligaron a confirmar sus asesinatos. Acto seguido le rebanaron el cuello y después quemaron su cuerpo (decían que esa era la única forma de eliminarla para siempre). Mientras se moría, la bruja juró que se vengaría.

Todo volvió a la normalidad y al año siguiente la fiesta de Halloween se desarrolló con total entusiasmo y libertad.

Pasó un tiempo y todos se olvidaron de María la Sangrienta; hasta que una noche, la bruja regresó. Un grupo de cuatro amigos, ayudados por una güija, invocaron su nombre: estaban en una casa abandonada en el barrio más alejado del pueblo; después de pronunciar el temido nombre todo el edificio tembló de arriba abajo y se escucharon crujidos y pasos. Los jóvenes se asustaron tanto que salieron huyendo del lugar. Con las prisas olvidaron la tabla de güija, y, cuando al día siguiente volvieron a buscarla, no pudieron encontrarla.

Faltaba un mes para Halloween y no había indicios de que esta celebración fuera a ser interrumpida por un oscuro suceso. La semana previa al festejo, todo el pueblo se preparaba para la fiesta con alegría y tranquilidad. Pero dos días antes de la celebración, uno de los cuatro jóvenes del acontecimiento de la casa abandonada, apareció muerto en extrañas circunstancias; al día siguiente, ocurrió lo mismo con otro de ellos. Los dos restantes decidieron hacer algo antes de que les ocurriera lo mismo; el día de Halloween fueron a la casa abandonada, esta vez sin la güija. Comenzaron a hablar en voz alta. Uno de ellos se detuvo frente a un enorme espejo que había en la sala y comenzó a gritar a viva voz.

— María, María la Sangrienta. Ven aquí, María la Sangrienta. No te tenemos miedo, María la Sangrienta.

Lo que ocurrió después de eso nunca lo sabremos, ambos jóvenes desaparecieron y jamás se supo nada de ellos. Cuando la policía fue a aquella casa al día siguiente no había ni rastros de vida humana; solamente un montón de polvo y decenas de maderas rotas. Desde entonces se cree que si el día de Halloween alguien pronuncia tres veces el nombre “María la Sangrienta” frente a un espejo, ella surge de la oscuridad y se lo lleva con ella al mundo de los muertos, del que no hay forma de hacerlo regresar.

Escrito por Tes Nehuén en Cuentos de Halloween.

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