La historia de Flor


Flor había sido la más pequeñita de los seis hermanos y esta realidad jamás había cambiado para ella. Al principio tenía que conformarse con esperar a que todos sus hermanitos tomaran la leche y cuando finalmente se apartaban, la pequeña se prendía ávidamente contra su madre, antes de que ella se levantara para estirar las piernas.

Pero el tamaño no era la única diferencia de Flor respecto a sus hermanos; era la única de los seis que había nacido con espolón, la única oscurita y la que tenía el timbre de voz más chillón. Todo parecía haberse puesto en su contra.

Cuando algún visitante deseoso de adoptar un cachorro acudía al habitáculo que compartían Flor y sus hermanos, ella se quedaba en un rincón, invisible e inmóvil, viendo cómo ellos eran abrazados y besados. Nadie la quería. Nadie reparaba en esos ojitos ni en su mínima naricita con forma de corazón. Uno a uno sus hermanos fueron teniendo la oportunidad de formar parte de una familia; pero para ella no había un hogar, así que se conformó con continuar sus rutinarios días en aquel rincón oscuro. Por lo menos, allí estaba su madre.

Una tarde un joven se acercó a ese mínimo rincón de la protectora. Venía en busca de la madre, la había visto y sintió tal compasión por ella que estaba dispuesto a darle una nueva vida. Pero cuando se acercó a ella e intentó cogerla, la madre huyó escabulléndose por los rincones de la celda, y yendo siempre a cobijarse junto a la mínima Flor que temblaba de miedo.

Después de muchas idas y vueltas el chico creyó comprender su rebeldía y le dijo: Está bien, si quieres, nos vamos los tres. Entonces, la madre cedió, y ella y su pequeña hija se fueron a la nueva casa.

A partir de entonces ya no habría más llantos lastimeros ni búsquedas incansables de afecto: Flor descubrió en el nuevo hogar todo el afecto que no había sabido encontrar antes y comenzó una nueva vida junto a su madre. En poco tiempo se convirtió en una hermosa perrita muy segura de sí misma y dispuesta a todo con tal de hacerse entender y querer. Los días de invisibilidad habían quedado muy atrás.

Escrito por Tes Nehuén en Cuentos de animales.

Buscador de cuentos