La leyenda de Esther


La noche se acercaba, Daniela cada ves tenía más miedo de comprobar las teorías que rondaban en todo el pueblo, ¿podría ser cierto?, ella no lo creía así, sin embargo un escalofrío le recorrió cuando finalmente llego al Lago Akimer.

Se detuvo un momento a Observar que justo en medio del lago, había una pequeña isla, en donde sobresalía un gran árbol, y de el estaban colgadas varias muñecas de trapo, esto provoco que el escalofrío anterior, fuera sustituido por uno nuevo y muy intenso.

Por fin la luna estaba totalmente visible en el cielo, no había nubes, justo como la leyenda decía, poco a poco se fue inclinando hasta verse reflejada en el agua cristalina del Akimer; no pudo creer lo que vio y no pudo decírselo a nadie.

Cierta Leyenda contaba, que a mediados de los ochenta, una traviesa joven llamada Esther todos los días bajaba al lago Akimer a jugar con sus muñecas de trapo, era una rutina diaria pero nada tediosa.

Cierto día la joven se encontró con un viejo libro, enterrado bajo una piedra, con la curiosidad de una adolescente procedió a leerlo, este libro decía que le pertenecía a una bruja que había vendido su alma a un ser oscuro y, que por no querer pagarle, día desapareció, dejando a todo el pueblo pasmado.

El libro también decía, que, quien encontrase el libro, tenia el deber de traer a la bruja al mundo de los vivo  otra vez. Esther encontró esto muy divertido e irreal, pero se llevo el libro a su casa y se dedico a leerlo una y otra vez. Sin embargo no leyó la advertencia que estaba escrita al final.

“Haz lo que te digo, que por curioso es tu castigo, si no lo llegaras a hacer, atente a lo que te va a suceder, en la noche temerás, pues al mundo de los muertos entrarás, sin embargo, ni en el cielo ni en el infierno estarás, atrapada quedarás y nadie te salvará”

¡Menudo error había cometido Esther!, la noche se acercaba, y como no había leído la advertencia nada le preocupaba. Sin embargo, el libro no tenia nada de irreal y al caer la noche el libro se iluminaba cada vez más, cosa que Esther no notó y se fue a dormir.

Esther jamás despertó de su sueño, peor aun, jamás la encontraron. Muchos rumores se escuchaban por el pueblo, rumores tales como que Esther también era una bruja, o que era la reencarnación de la misma vieja bruja y el ser oscuro se la había llevado otra vez.

Muchas desapariciones siguieron a la suya, nadie estaba consciente de que era lo que pasaba, había un comportamiento extraño en el árbol que estaba en el medio del lago Akimer, los habitantes de los alrededores, se sorprendieron mucho al ver que había muñecas de trapo colgadas, nadie sospechaba nada, hasta que una vez alguien en el pueblo vio asomarse a un niño al lago, cuando la luna era visible, observó que el niño ponía una cara de terror que alertaría a cualquiera, y vio claramente que una joven parecida a Esther, pero muy demacrada y comida por los animales marinos, se asomaba y lentamente metía al niño al lago; mientras esto pasaba en el árbol en el que estaban las muñecas aparecía una nueva, justamente con la ropa que el niño vestía.

Nadie nunca se acerco mas al lago cuando la luna era claramente visible, sin embargo de vez en cuando había alguno que otro joven aventurero que lo intentaba, las historias dicen que desaparecían, sin embargo es algo que yo no puedo saber… ¿te atreverías a intentarlo?

Escrito por Vuelapluma en Cuentos de brujas, Cuentos de miedo.

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