La posibilidad que no fue


La débil posibilidad que separa lo que podría acontecer de lo que en realidad sucede es tan frágil como la tela de una araña. Y sin embargo es la encargada de sostener toda nuestra existencia.

Lo primero que hizo Robinson Crusoe cuando se vio sólo en medio de la isla fue llorar (aunque su padre le había recomendado que jamás lo hiciera). Después, busco por todos lados otro sobreviviente que le ayudara a afrontar la circunstancia de verse perdidos en medio de una isla donde no había nada. No encontró a nadie y aunque casi desiste de intentar nada, supo que estaba allí por algo y enfrentó su destino.

Caminó por toda la isla y lo único que hallo fue una cueva en la que descansaba un trozo de papiro muy antiguo; en él había dibujado una especie de tubo. Robinson pensó que era otra cueva y estuvo durante días buscándola. Cuando finalmente dio con ella comenzó a recorrerla.

Al cabo de unos días de caminar a tientas entre paredes húmedas y rocosas volvió a ver la luz y se encontró en el mismo puerto del que había partido. Inglaterra le pareció menos maravillosa que al abandonarla. Podría haber regresado a su casa para volver a descansar como se debe, a pasear entre la gente, a vivir en un mundo civilizado, sin embargo algo en él lo llevó a regresar a esa isla en la que sabía que le esperaba una vida difícil teniendo que procurarse la comida y luchando por sobrevivir.

La débil posibilidad que separa lo que nos sucede de lo que podría haber sido de nosotros de haber tomado otra decisión, es infinita de tan frágil. Y, en general, afecta a todo nuestro entorno mucho más de lo que imaginamos. ¿Qué habría sido de nuestra infancia si Crusoe hubiera escogido regresar a Inglaterra y quedarse allí para siempre?

Escrito por Tes Nehuén en Cuentos clásicos.

Buscador de cuentos