La voz de Braulio


Si Braulio hubiera sabido que su padre no hablaba en serio, posiblemente no habría actuado como lo hizo. Pero en cuanto lo oyó decir ‘tengo unas ganas muy fuertes de matarte’ el chico cogió el cuchillo que estaba apoyado sobre la mesa y lo hundió sin pensarlo en el fofo estómago de su padre. No quería morir y estaba dispuesto a hacer lo que fuera por impedirlo.

El cuchillo atravesó una dura corteza y se fue hundiendo cada vez más. Fue una cuestión de segundos, pero para Braulio duro lo que tardan las experiencias intensas en desvanecerse. El arma patinaba entre el cuerpo de su padre y se abría camino por esa mole que era su cuerpo.

Braulio se quedó paralizado, mirando cómo la sangre corría y corría y su padre lo miraba. Primero su mirada mostraba sorpresa pero, a medida que pasaban los minutos (o segundos), sus ojos se iban volviendo más y más bobos;  tanto, que en un momento dado se pusieron grises, como llenos de agua. Y Braulio se quedó mirándolo, mudo para siempre.

Cuando llegó su madre, el niño se hallaba sentado junto al cuerpo de su padre que yacía retorcido entre un charco de sangre. El piso de la cocina era un verdadero estropicio. ‘¿Qué has hecho, Braulio?’ le preguntó con una angustia lacerante subiendo del pico de su estómago. El niño no respondió. Por mucho que intentaron (ella y todos los que vinieron después) hacerle hablar, Braulio no dijo nada.

Después de ese suceso, Braulio estuvo internado en diversas instituciones donde intentaron ayudarle; pero nadie puede ayudarte a olvidar y nadie te devuelve lo que has perdido. Así que salió como había entrado, con la mirada perdida, con la imagen de los ojos bobos de su padre bordados de sangre e incapaz de proferir una sola palabra.

Han pasado veinte años, ahora Braulio escribe porque es la única forma de asir las palabras. Escribe cuentos para niños en los que usa con determinación cada término e intenta ser claro; sabe que las palabras son importantes y que no pueden utilizarse a la ligera. No volvió a hablar, pero su escritura tiene una voz intensa y luminosa.

Escrito por Tes Nehuén en Cuentos realistas.

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