Las Pesadillas de Gretel


Me despierto en medio de la noche, las imágenes de las pesadillas de las que acabo de huir me nublan la vista con lágrimas. Es la enésima vez que los recuerdos del pasado me visitan en sueños, convirtiéndolos en pesadillas de las que me es muy difícil escapar.

Todo comenzó aquel día, uno que nunca olvidaré por las implicaciones que tiene. Parecía ser un día normal, lleno de felicidad, hasta que por un motivo que aún no soy capaz de comprender, nos metimos en aquella casa. Era maravillosa; tan deslumbrante que estoy segura que mis pesadillas no le hacen justicia.
Caminaba en el bosque junto a mi pequeño hermano Hansel, él dijo algo que me molesto y en seguida se echó a correr fuera del camino, yo lo perseguí entre molesta y divertida, sin darme cuenta que cada ves nos alejábamos más y más del camino, entonces la vimos…

Al principio creímos que era producto de nuestra imaginación, ¿cómo podía ser posible que existiera una casa de aquellas características? Tenía todo lo que a un niño de nuestra edad y recursos podría soñar: Las paredes eran de algo que parecía galleta tostada, las ventanas tenían merengue en las orillas y cristales de azúcar, las decoraciones eran de chocolate blanco y negro, la puerta era tan peculiar que podría jurar que era de caramelo. Tenía chuces por doquier, en el jardín entre las ventanas e incluso en el camino de piedra que llevaba hasta la entrada.

Hansel y yo nos miramos atónitos y sin pensarlo dos veces corrimos hasta ella, tomando y comiendo todo lo que pudimos. Ya empezaba a oscurecer, nosotros estábamos a reventar de tantas golosinas y sabíamos que nuestra cabaña estaba muy lejos, por lo que decidimos entrar a la casa pensando que el interior nos deslumbraría más que el exterior… que equivocados estábamos.

En cuánto cruzamos el umbral, descubrimos que habíamos entrado directo a una jaula, nos recibió una risa malévola que aún me eriza la piel al recordarla, escuchamos un candado abrirse y una voz horrible que dijo “la cena de esta noche ha llegado” en seguida, las pocas velas que tenía la cabaña se apagaron y sentí la mano de Hansel soltarse de un jalón de la mía.

Hoy día; años después de aquella terrible experiencia, aún puedo escuchar los gritos de mi hermano aquella noche, suplicando ser salvado, diciéndome: ¡Gretel ayúdame!. Recuerdo la impotencia que sentí al no ser capaz de hacerlo… Aún no sé cómo logré escapar, aunque recuerdo que Hansel le quitó algo del bolsillo a la bruja y me pasó las llaves del candado, todo lo demás está hecho un lío dentro de mi cabeza. Aunque de una cosa sí estoy segura: Encontrare la cabaña de aquella bruja y le daré caza. Vengare a mi pequeño hermano, aunque sea lo último que haga.

Escrito por Vuelapluma en Cuentos de Hansel y Gretel, Cuentos infantiles.

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