Los dos hermanos


Hace muchísimos años en una aldea perdida en el medio de un gran reino nacieron dos hermanos con escasas horas de diferencia. Dos niños rubios de ojos muy negros y un llanto lastimero. Su madre estaba completamente sola en el mundo. Vivía en una pequeña finca rodeada de montañas y en un suelo completamente árido y allí vio nacer y comenzó a criar a sus hijos, intentando suplantar la falta de dinero con amor y cuidados.

Cuando los niños todavía no caminaban llegó a la casa una joven de familia acomodada. Dijo que deseaba adoptar a uno de los niños porque no podía tener hijos. La madre, aunque sintió un profundo dolor, comprendió que de este modo, al menos uno de sus hijos podría tener una buena educación y vivir sin preocupaciones, así que aceptó. Daba la casualidad de que al nacer uno de los niños había sido más débil que el otro; siempre estaba enfermándose y ella no podía costear los tratamientos que su salud requería. En ese momento supo que esa situación había sido tramada por el destino y se alegró de pensar que su niño pudiera recibir todo lo necesario para llevar una vida sana. El único requisito de la joven era que la madre se despidiera de el niño para siempre. Así lo hizo la pobre mujer que ni siquiera contó al otro hermano de la existencia de su mellizo.

Pasaron los años. Una mañana la mujer cayó gravemente enferma y llena de pena y dolor, en su lecho de muerte, le contó a Carlo, el niño que se había quedado a su lado, la triste historia que había guardado con tanto celo en lo más profundo de su alma; después, descansó en paz para siempre.

Carlo, que ya era un muchacho fuerte y vigoroso decidió ir en busca de su hermano, aunque su madre no tenía idea de dónde podía hallarse. Comenzó a recorrer los caminos y estuvo durante años buscando a su hermano, viviendo de la caridad ajena y hospedándose en terribles sitios. Pero un día se cansó, consiguió un trabajo estable y se quedó a vivir en una ciudad cualquiera. Una tarde, mientras volvía del trabajo, un joven que venía corriendo a toda velocidad lo chocó violentamente y ambos cayeron de bruces en el suelo. Al alzar la mirada, ambos descubrieron unos ojos idénticos a los que veían cada día en el espejo y se quedaron paralizados. Pero en apenas unos segundos el otro chico se puso de pie y echó a correr tan rápido como antes, justo antes de que llegaran unos hombres uniformados, que se llevaron con ellos al otro chico.

En el camino, Carlo se hizo pasar por su hermano y descubrió por qué lo perseguían: no estaba dispuesto a casarse con una joven princesa porque deseaba irse a vagar por el mundo. Al ver a la prometida de su hermano, Carlo se enamoró de ella y se casó sin oponer resistencia; y desde vivieron felices por muchos años. De su hermano nunca más se supo nada.

Escrito por Tes Nehuén en Cuentos tradicionales.

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