Peter Pan


Había una vez en un país no muy lejano, un pequeño príncipe llamado Peter. Sus padres, los reyes, organizaron una fiesta para celebrar los 13 años de su amado hijo, invitaron a gente de todas partes, varios príncipes y princesas atenderían dicha celebración, estaba planeado que la comida fuera variada y abundante, el castillo se decoraría con confeti y lazos de los colores favoritos del príncipe. Pero había un problema… Peter quería ser siempre un niño por lo que le aterraba crecer.
Contaba los días que faltaban para su cumpleaños con especial enfado, cada vez que la fecha se aproximaba, más aterrado se encontraba, por las noches no podía dormir, en sus sueños un duende le hablaba y se reía de su tristeza.
La noche previa a su cumpleaños, cuando Peter por fin había logrado dormir, el duende pareció apiadarse de el y le dio un consejo:
– El día de mañana, al apagar las velas de tu tarta de cumpleaños, desea vivir en Nunca Jamás, es un país lleno de cosas bellas y lo mejor de todo es que ¡nunca crecerás!
Peter se despertó lleno de alegría, finalmente alguien le daba respuesta para vencer su peor miedo, por una curiosa razón, confió en aquel duende. Tenia la certeza de que su familia accedería a venir con el a ese país tan extraño, serian todos felices y lo mejor de todo es que nunca envejecerían.
Todo el reino estaba de gala, había personas de todas partes, las decoraciones eran hermosas y la comida deliciosa. Peter se encontraba muy entusiasmado, cuando sacaron la tarta su emoción aumentó. Y cuando finalmente soplo las velas dijo en un susurro: Deseo estar en Nunca Jamás.
Sintió como si un hilo invisible tirara de el hacia un abismo, se sintió mareado y l cabeza le daba vueltas, parecía estar flotando, esta sensación duro unos cuantos minutos que le parecieron eternos, y de pronto toco el suelo. Al abrir los ojos todo lo que veía eran ramas y arbustos, estaba aterrado. Buscó ayuda por varias horas, pero por más que recorrió Nunca Jamás no encontró a nadie, en su recorrido se dio cuenta de que estaba en una isla, a lo lejos distinguió un barco con velas negras, ¡Era un barco pirata! Sin dudarlo fue hasta el navío, un hombre le dio la bienvenida y le dijo que él estaba a cargo del barco, ese hombre era el Capitán Garfio.

Escrito por Vuelapluma en Cuentos clásicos.

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