Sueño de infancia


Siempre he querido muy mal. A hombres mucho más grandes, enamorados de mis hermanas mayores. A chicos perfectos que jamás habrían mirado a la que para sentarse necesitaba dos bancos o a la que llegaba a la ciudad con los zapatos empapados de rocío y de bosta. Siempre he querido mal y la única vez que acerté era tarde.

Estábamos hechos el uno para el otro; o eso creía (todavía lo creo) pero la vida no te da la oportunidad de comprobar estas cosas. Compartíamos banco, historias, algunas timideces. Pero cuando tuve el valor de decírselo, de confiarle mi cariño intenso, mi soledad cuajada en sus ojos, en su cabello renegrido, era tarde, demasiado tarde. Enfermó, y cuando volvimos a vernos no éramos nosotros. No éramos los mismos.

Seguimos juntos pero el valor desapareció y los años se abalanzaron sobre nosotros separándonos para siempre. Todavía al recordarlo una ternura intensa se apodera de mi ser, como esos flashes en los que sentimos que finalmente podemos cambiar el rumbo de la historia. Esos instantes que terminan cuando finalmente abro los ojos y descubro que he estado soñando.

Escrito por Tes Nehuén en Cuentos de amor.

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