Víspera de cumpleaños


La gente piensa que tener diez años es fantástico pero se equivoca. Yo quisiera tener la edad de mi padre. ¿No les parece que es absurdo que tengamos que llegar a una cierta edad para hacer lo que realmente deseamos? Pero bueno, yo no escribo las normas y como mamá siempre dice que papá hace lo que quiere porque es mayor, yo quiero ser como él. Y por eso tener diez años es una porquería.

Mañana cumplo once y ya estaré más cerca de la edad de papá. ¿Cuántos años tendrá? Supongo que me faltarán todavía algunos aniversarios para alcanzarle. Sé que aunque no lo parezca el tiempo pasa, por eso cada vez que llega mi cumpleaños pienso que al año siguiente tendré uno más, y después otro, y otro, y otro… y tarde o temprano tendré su edad. Pero… no sé, a veces me parece que es como si el futuro fuera un enorme sol que parece que está cerca pero que nunca llego a tocar. Y cuando pienso en esto me pregunto ‘¿llegaré?’

Hasta hoy no tenía dudas de que lo conseguiría, pero esta mañana cuando me desperté mi madre vino llorando para contarme que mi primo Sebastián se ha ido para siempre. ¿Cómo es posible, si era tan sólo un niño? De hecho, tenía once años. Se lo pregunté y me respondió brevemente. Sus ojos estaban llenos de lágrimas, como cuando me castigan y me encierro en mi dormitorio. ¿Por qué dejó que la viera así? ¡Es vergonzoso! A mí no me gusta que me vean llorar por eso me voy a mi cuarto.

Mamá dijo que Sebastián se había metido en la piscina cuando nadie estaba mirando y que se había ahogado. ¿A qué clase de persona se le ocurre meterse solo en un vaso gigante lleno de agua si no sabe nadar? Yo sé que Sebas no sabía nadar, me lo dijo el verano pasado cuando estuve en su casa.

Me pregunto qué cosas habrá pensado mientras sentía que no podía respirar. ¡Debe ser horrible una muerte así! Y yo ¿qué voy a hacer cuando tenga la edad de mi padre? Tengo ganas de llorar porque quería a mi primo. Antes creía que sí o sí llegaría a ser como mi padre pero ahora que sé lo de Sebas, pienso que no está tan mal tener diez años. ¿Sería posible detener el tiempo en este instante, aunque deba resignar tarta, regalos y cariños? Esas cosas pienso mientras me voy a dormir y el reloj sigue avanzando como si le importara un comino lo que pienso. ¡Es lógico! Qué puede importarle, si sólo soy un niño a punto de cumplir los once.

Escrito por Tes Nehuén en Cuentos sobre el agua.

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